Vie. Abr 4th, 2025
UMF91
UMF91

Soy una mujer de 41 años con un antecedente importante de cáncer, y por ello he pasado muchos años en vigilancia y cuidado constante. Durante mucho tiempo, se solicitó una mastografía temprana en el IMSS debido a que soy paciente de alto riesgo, pero se argumentaba que no era posible ya que aún no tenía la edad mínima requerida, que era 40 años. Lejos de eso, solo conseguí que el director de ginecología de mi clínica me dijera: «Si te vas a morir de cáncer, te mueres y ya».


Finalmente, llegué al cuarto piso y, cual niña que espera un regalo de Navidad, yo esperaba mi mastografía. Recién había pasado mi cumpleaños y fui a solicitar el pase para conseguirla. Así llegué a la Clínica de la Mama, donde me abrieron un expediente. Un par de meses después, ya me estaban realizando la mastografía, y otro par de meses después me informaron que necesitaban un ultrasonido para complementar. Así pasaron otros meses hasta que me dijeron que debía estar en revisión y que necesitaba una nueva mastografía.


Así llegamos a octubre de 2024, el mes en que se da visibilidad al cáncer de mama. Nueva mastografía y, con ella, una buena dosis de nerviosismo, porque en todo ese año realmente no tuve diagnóstico.



A la mañana siguiente, me presenté en la clínica acompañada del señor que vive conmigo. Tenía que ver a la jefa de enfermeras, quien me dio la hoja del diagnóstico y me llevó al departamento de Epidemiología (departamento que ya conocía por otra amenaza de cáncer de la que, afortunadamente, fui dada de alta ese mismo noviembre después de dos largos años). La doctora, que por cierto es muy agradable, me dijo que debía ir de nuevo a la Clínica de la Mama, donde obtuve el resultado: «no concluyente».


Aquí viene la explicación no tan científica: resulta que dijeron que tengo asimetría por una fibrosis muy desarrollada y que había evidencia de un hallazgo en el seno izquierdo. Sin embargo, ni con la mastografía ni con el ultrasonido podían determinar si era maligno o benigno. Les pedí que evaluaran la posibilidad de una biopsia, pero de inmediato me dijeron que no era posible y que el proceso para continuar era el siguiente: me canalizaron a la categoría BIRADS 3 (es aquella en la que hay hallazgos que, en su mayoría, son benignos) y tenían que realizarme mastografías cada seis meses durante dos años para monitorear cualquier cambio.


Si en ese lapso no había cambios, me pasarían a la categoría BIRADS 2, donde determinan que el hallazgo es benigno y se hace un seguimiento anual. Si había un cambio, me pasarían a la BIRADS 4, en donde me harían una biopsia para determinar si el hallazgo era maligno. Así que, básicamente, estaba igual que al principio, y solo se vislumbraban dos panoramas: o me decían que era benigno, o, en el peor de los casos, «una disculpita, no hicimos la biopsia a tiempo y sí era cáncer, pero ya no podemos hacer nada porque han pasado más de dos años y está en etapa terminal».



El domingo 24 de noviembre, llegamos con el oncólogo a quien admiro y reconozco ampliamente por su experiencia y profesionalismo. En cuanto el Dr. González me revisó, localizó de inmediato el lugar del problema y determinó que la vía era realizar una biopsia de inmediato.


No había mucho que pensar, solo que era un gasto inesperado. Gracias al apoyo de mis padres, a quienes agradezco siempre por mis oportunidades de seguir viva, al señor que vive conmigo y al banco al que le debo el respiro, logramos entrar a quirófano el 1 de diciembre.



Aquí el tema es que, de haber esperado esos dos años en el IMSS, pudo haber habido necrosis o cáncer de seno, y la historia podría haber sido una en la que no fuera yo quien la contara. El paso siguiente es continuar en vigilancia y considerar la opción de una mastectomía doble por el riesgo que tengo. Más que pensarlo, hay que ahorrar.


En ese período, durante el reposo, tuve una cita en el IMSS con mi médico familiar, quien, por cierto, es una mujer con una legítima preocupación por sus pacientes. Le agradezco profundamente que comenzara mi seguimiento y tratamiento para la fibromialgia (enfermedad que también padezco y de la cual me gustaría que supieran más en otra ocasión, ya que es desgastante e incomprendida).



Terminó la tormenta, pero llegó la llovizna. Después de un mes de recuperación muy lenta, incómoda y con dolor, me reintegré a mi trabajo. Saludé a todos con mucho amor y me sentía como reina de la primavera, pero duró poco, porque un par de horas después me quedé sin trabajo y con una deuda que cubrir por la cirugía. Pero hay salud, que es lo importante.





Me ha tocado escuchar que no van a la mastografía o al Papanicolaou por pena a ser revisadas por un médico varón, o que no van porque no les permiten faltar al trabajo. La salud es un derecho universal, no hay excusa. A mis amigos varones: cuiden a las mujeres que quieren, anímense a buscar atención preventiva. Si hay algún resultado adverso, sean su apoyo y no las abandonen; no tienen idea del terror que se siente enfrentar lo desconocido y sentirse sola.




A todos mis amigos que quiero y respeto, y que son fans de la 4T: no se ataquen ni se cuelguen de la lámpara, pero estamos lejísimos de tener un sistema de salud como el de Dinamarca. Sin comparar, solo queda decir que el IMSS tiene muchas deficiencias que cuestan muchas vidas, dolor y sufrimiento. El hecho de que en un solo consultorio haya sido la tercera paciente en solicitar una biopsia por fuera dice mucho.




Visitas: 4

Related Post