Este martes, en su misa matutina, la Presidente con «a» –término que utilizo para no dar pie a la existencia de un “presidento”– anunció con gran solemnidad que se dedicará a investigar esas pensiones del ISSSTE que, según la razón, son exorbitantes. Es curioso pensar que, en medio de esta cruzada por la transparencia, surge una pregunta tan pertinente como incómoda: ¿aparecerán también las pensiones de sus «amigos» dentro de su administración?
Es un espectáculo digno de una obra de teatro, donde los actores principales aseguran que están del lado del pueblo, mientras la trama se enreda con intereses personales y complicidades tácitas. La Presidente con «a», con su discurso de firmeza, parece olvidar que en la búsqueda de justicia se deben incluir a todos, no solo a los que resultan cómodos para el relato.
Las narrativas se construyen con lo que se dice y con lo que se omite, y en este caso, el silencio sobre las pensiones de sus cercanos podría ser más elocuente que cualquier declaración pública. Después de todo, en la política mexicana, la amistad y la lealtad pueden ser más valiosas que cualquier cifra en un estado de cuenta.
Así, mientras la Presidente con «a» se lanza al ruedo en busca de los “malos” del ISSSTE, los ciudadanos nos preguntamos si esta búsqueda será más que una simple cortina de humo, un acto de prestidigitación que dejará a los verdaderos beneficiarios de la opacidad intactos. La guerra por la verdad apenas comienza, y como en toda buena obra surrealista, lo que está en juego es la credibilidad de los que dicen actuar en nombre del pueblo.
¿Habrá alguna vez una luz al final de este oscuro túnel de privilegios? Solo el tiempo lo dirá, pero mientras tanto, seguiremos observando el espectáculo con una mezcla de incredulidad y un leve asomo de esperanza.
foto de portada: Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, Public domain, via Wikimedia Commons
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